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Piedad por … ¿Un puritano o Abraham Kuyper?

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Dentro del desarrollo de la Teología Cristiana Reformada, podemos ver distintas expresiones que ayudaron a enriquecer la Fe Evangélica. Tenemos el periodo propio de los Reformadores, luego el de los Puritanos Ingleses y Escoceses, así también como el de la Segunda Reforma Holandesa, donde no solamente existe un retorno a la Escritura como única fuente de autoridad en los asuntos de fe y conducta, sino también a una buena recepción (y crítica también) de los frutos de la Iglesia de Cristo expresados en los Padres de la Iglesia, así también como en teólogos de la Edad Media.

A pesar de la diversidad y distintos énfasis que encontramos en varios grupos reformados hay un elemento común entre ellos, que sin lugar a dudas es el “latido del corazón” de la Teología Reformada: la Piedad.[1]

La Piedad, que es el pensar, sentir y actuar de acuerdo a una vida llena de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo, tiene como propósito principal la Gloria de Dios y la edificación de la Iglesia. La Piedad abraza la Gracia y Ley del Señor, es decir, por pura Gracia adora a Dios y a bendice a su prójimo.

La Iglesia Reformada, al amar la Gloria de Dios por sobre todas las cosas, ha abrazado una verdadera doctrina de la piedad, pero también ha rechazado categóricamente cualquier distorsión de la piedad, condenando de esta manera la falsa piedad o “la piedad por la piedad”. Esa falsa piedad que se desarrolla en cuanto tenemos nombre de “interprete de las Escrituras y de las Confesiones” y utilizamos la Teología Reformada para glorificar nuestros propios nombres y alimentar nuestro orgullo. Que por más que utilicemos frases piadosas de antiguos pastores o teólogos reformados, la falsa piedad será notoria cuando nuestras intenciones y obras se dirijan a dañar la Iglesia de Cristo. La falsa piedad no se acabará con un buen diseño gráfico de alguna frase piadosa, sino con la mortificación del horrible ídolo de la piedad por la piedad. Mortificación que comienza al reconocer nuestro pecado, humillarnos delante del Señor y estar dispuestos a seguir trabajando por la iglesia de Señor. Porque dicho sea de paso, la falsa piedad engendra sectarismo. Por otro lado, la verdadera piedad reformada fomenta la catolicidad y unidad de la Iglesia.

Al ser entonces la piedad un elemento distintivo de la Fe Reformada, no es de sorprendernos que Abraham Kuyper (1837-1920 ) haya escrito un libro devocional titulado “La Práctica de la Piedad”. La buena teología y práctica de Kuyper son los resultados de una verdadera conversión a Cristo. Conversión que no es producida por la cantidad de libros de mi biblioteca, ni tampoco por mis estudios teológicos, sino por la Obra del Espíritu Santo que me lleva a desear estar más cerca de Dios.

Es debido a todo lo anterior que independiente de cual sea nuestra tradición reformada, te invito a meditar en las siguientes palabras:

La Iglesia de Jesucristo

Una fe profunda y viva en el Pacto de Dios es el fundamento de nuestra quietud, vigilancia, de nuestro esperar paciente y de nuestro trabajo.

Porque incluidos están en el pacto de Dios todos los escogidos que serán traídos al rebaño, aunque ahora ellos sean unos borrachos o ladrones, o personas que con su autojusticia rechacen la verdad. Ellos están destinados a ser salvos; y es a través del ministerio de la iglesia que ellos deber ser traídos a la luz y enseñados en la verdad.

Esta única confesión, de que Dios es Dios, y de que él traerá a los suyos, nos hace pacientes al soportar las imperfecciones de la iglesia, ya que Él ha visto oportuno poner esa cruz sobre ti. Y eso también nos mantiene humildes ante Él, al confesar nuestra propia culpa. “El pecado de la iglesia es también mi pecado. Yo, así es, especialmente yo tengo la culpa”.

Ninguno de nosotros entonces culpe al mundo o a la indiferencia de los compañeros Cristianos por los males de la iglesia, diciendo: “¡Yo soy un trabador celoso en la viña del Señor! ¡Yo no soy culpable de esta frialdad e indiferencia! ¡Yo debería liderar el camino a la perfección!”

Esa actitud de “más santo que tú” es pecaminosa y abominable.

[…]

Es evidente entonces, que no puede haber un verdadero celo por la iglesia sin una guerra espiritual contra el pecado.

Celo por la iglesia, por más piadoso que parezca, es hipocresía abominable si va de la mano con un descuido de la guerra espiritual[2] contra los enemigos de Dios, como el mentir, la inmundicia, la auto-justicia y los corazones fríos.

Hay algunos que pretenden ser fieles atalayas sobre los muros de Sión, pero guardan tales pecados en sus corazones, o los pasan por altos en sus hijos o en los miembros de la iglesia.

Ellos son infieles.

Porque ellos permiten que el enemigo juegue libremente adentro.¡ Ellos gritan contra los peligros del lobo que aúlla ahí afuera de las paredes, mientras una manada de lobos está ocupada devorando a los ovejas por dentro!

Esto no es una verdadera devoción por la causa de Cristo. Ni tampoco revela una verdadera fe.

¿Eres tú un celoso con gran entusiasmo por la iglesia, mientras descuidas los males que se arrastran en tu casa, tus amistades, tu vida social y lo peor de todo descuidando luchar tus propias batallas espirituales? Entonces tú eres una mentira viviente.

Si nosotros peleamos por la iglesia de Cristo y descuidamos el mal dentro de nuestros corazones, a pesar de que los hombres puedan intentar justificar tal acción, incurrimos en el juicio de Dios.

Cuando reconocemos nuestra propia culpa, [y] reconocemos la justicia de la acusación contra nuestro falso celo, entonces se nos asegura el perdón.

Cada uno se debe preguntar a si mismo: ¿Fluye mi celo por la iglesia desde la batalla interior contra el pecado y Satanás?[3]

[…]

—————-

Este es solo una porción del libro de Kuyper sobre la Piedad.

Al leer esto me preguntaba ¿Es un puritano o es Abraham Kuyper quien escribe esto? ¿Es espiritualidad puritana o neo-calvinismo holandés? Más allá de la respuesta, esto es Teología Reformada, y por lo tanto, es Teología para la vida. No importa el aspecto que destaques de la tradición reformada, mientras exista una verdadera piedad, el Señor bendecirá nuestras vidas e iglesias.

En Cristo,

Israel Guerrero

 

 

 

 

 

 

[1] Ver Joel Beeke, Piety: The Heartbeat of Reformed Theology (Phillipsburg: Presbyterian and Reformed, 2015). Ian Hamilton, What is Experiential Calvinism? (Grand Rapids: Reformation Heritage Books, 2015).

[2] La guerra espiritual corresponde a luchar contra todo tipo de pecado, tanto los de mi propio corazón, como los de la iglesia y sociedad.

[3] Extracto de Abraham Kuyper, The Practice of Godliness (Ann Arbor: Baker Book House, 1977), 56-60.

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