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Fin de año junto a Abraham Kuyper

Último día. La alegría, pena o rabia por lo ocurrido durante el año consumen el corazón de algunos. Por otro lado, la ansiedad por el futuro se transforma en el ídolo que crece a medida que pasan las horas y minutos. Las Selfies inmortalizan el maquillaje de una supuesta alegría que ayudan a cubrir heridas que personas cercanas nos hicieron. Sumado a esto, la descripción de la foto que estamos subiendo con un cómico hashtag nos ayudan a olvidar que nosotros también hemos herido a otras personas.

Como cristianos, lamentablemente a veces caemos en este tipo de juegos debido a que olvidamos el asunto principal de nuestras vidas, el cual es, glorificar a Dios en la medida en que nos gozamos más en él, y que en medio del conflicto y sufrimiento, nuestro único consuelo es que no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a Jesucristo. Nuestro gozo y consuelo definitivo no están en ninguna cosa creada, sino en nuestro Creador, Salvador y Señor. Solamente al entender esto, podemos disfrutar correctamente la Creación y consolar a nuestro prójimo de manera real.

Quisiera invitarlos a meditar en este extracto de un devocional de Abraham Kuyper (1837-1920), quien fue un pastor reformado, primer ministro de Holanda y fundador de la Universidad Libre de Ámsterdam que vivió de acuerdo a una cosmovisión que exaltaba el Señorío de Cristo en todas las áreas de lo creado.

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Tal como el puritanismo reformado, creo que el neo-calvinismo de Kuyper y de Bavinck son unas preciosas minas de oro que deben ser investigadas y aplicadas de manera contextualiza a las distintas realidades de los cristianos reformados hispano-hablantes.

Sin más palabras, los dejo con unas palabras de un joven Kuyper.

 

 

Por todos estos años

He aquí, tantos años te sirvo. (Lucas 15:29)

 Detente por un minuto mientras empiezas a leer esto. Piensa sobre algo. Antes de que comiences un año nuevo, piensa sobre cómo estás viviendo tu vida delante del rostro de Dios.

Tú le sirves. Tú te cuentas entre aquellos que confiesan su nombre. Tú tienes un conocimiento personal de cómo el Espíritu obra. Y cada vez que se habla del rebaño que él ha elegido, definitivamente piensas de ti mismo como una de esas personas que buscan su rostro.

La gente haría una injusticia contigo si es que ellos te consideraran como un inconverso […] Esto es porque a veces tu has sido celoso en testificar verbalmente por el Señor. El testimonio del Señor a través del profeta Isaías puede correctamente ser aplicado a ti: “Que me buscan cada día, y quieren saber mis caminos, como gente que hubiese hecho justicia, y que no hubiese dejado la ley de su Dios…” (Isaías 58:2).

Pero en todo esto no hay pase libre para ti más que para todos los mejores hermanos y hermanas en el Señor. La pregunta no es si es que tú le sirves, sino más bien si hay alguna vitalidad en ese servicio, alguna fe en esa vitalidad, y algún incremento en ser llenos con el Espíritu en esa fe.

¡Así que mira dentro de ti!

[…]

Desde hace tantos años, te has acostumbrado a servirle. Y sin embargo, ¿qué ha pasado con los remanentes de tu vieja naturaleza que han sido crucificados por el poder de la cruz de Cristo, [que han sido] muertos y enterrados?

Desde hace tantos años, has estado involucrado en su servicio. Pero ¿dónde está la bendición que extiendes a todos los que te rodean? ¿Dónde está la gracia por la cual has luchado en oración en nombre de tu hogar, tus amigos, y tus subordinados? ¿Dónde está la gracia que querías invocar de Emmanuel en nombre de este mundo espiritualmente oscurecido?

Desde hace tantos años , tu has seguido al Varón de Dolores. Pero ¿cuánto progreso tu has hecho en negarte a ti mismo? ¿En humillarte a ti mismo? ¿En voluntariamente llevar la cruz asignada a ti? […] ¿Ha habido mucho fruto como una garantía de que tu eres digno de seguir como un pámpano en la vid?[…]¿Ha sido este el fruto de ser desenredado de las riquezas y posesiones materiales, tanto así que ahora atesoras más dar a los pobres que a una cuenta bancaria o a las acciones? ¿Es fruto en el sentido más excelente del “fruto del Espíritu?, es decir, mansedumbre, paciencia y ternura hacia Dios y hacia los demás?

Por sobre todo, ¿es el gran fruto de todos, esto es, el completo y puro amor de servirle no desde un sentido de obligación, sino más bien desde la adoración de tu corazón?

¿Qué más se ha de decir? ¡Tu conciencia ya te acusa!

Tu dejas caer tus ojos en vergüenza y lamento en tu solitaria angustia [diciendo]:

“¿Cómo puedo compensar esos largos años de vivir en su templo y dar frutos que apenas vale la pena mencionar… de hacer tan poco progreso?” […] Y en esa conciencia interior gritas con tus manos cubriendo tu rostro: “¡Oh Dios, ten misericordia de mi, un pobre pecador, un testigo ineficaz, y un miserable ejemplo de un Cristiano!”

¿Dónde estarías ahora, si durante todos estos años hubiese habido un crecimiento consistente y fruto en las cosas eternas e invisibles de Dios? ¿Cómo podrías haber participado plenamente en la luz, en una confianza segura, en fortaleza del alma y en una viva vida de fe, en una comprensión de los misterios de Dios, en una preciosa vida de oración, y especialmente en una tierna e íntima comunión con Dios. Qué sincero amor pudiste haber compartido. ¡Durante todos estos años!

[…]

¡Si tan solo te hubieses dado cuenta de esto! Entonces el orgullo nunca hubiera entrado sigilosamente para hacerte pensar: “Te he servido durante todos estos años, sin duda me irá bien!” […]

¡A él, no a ti, sea toda la alabanza! Pero ahora, seas encontrando la fuerza en tu alma para dar gracias por la gracia de aprender la verdad. Olvídate de lo que has apostado durante todos estos años. Exalta lo que él ha cumplido en ti durante muchos años. Sé lavado en la sangre del Cordero y busca una comunión tranquila con él.

¡Durante todos estos años!

¿Cuántos años te quedan frente a ti? ¿serán tantos como los que ya has tenido, o serán menos? ¿Te quedan solo unos pocos – o tal vez solamente meses? ¿Serán estos años marcados por la misma vieja rutina, por el mismo corazón muerto, y por ponerse por encima del Dios viviente?[…][1]

———

 

Meditando en las ultimas líneas de Kuyper, creo que es importante preguntarnos ¿Cuánto tiempo nos queda en esta tierra?

Que estos minutos que quedan para que termine este día, mes o año los ocupemos para resolver firmemente – mediante el poder de Su Espíritu Santo – que durante los próximos minutos, días o años que el Señor nos dé, los vivamos para vivir de acuerdo a lo que confesamos: Vivimos Gloria de Cristo y la edificación de Su Cuerpo. De esta manera, cada aspecto de nuestra vida, desde el negarnos a nosotros mismos, el escoger alguna carrera técnica o universitaria, los amigos con quienes nos relacionamos, la iglesia donde servimos, la manera de preparar una cena de fin de año, la manera en que bendigo a los que me maldicen, el celo tanto por la sana doctrina como también el celo por la unidad de la Iglesia, hasta la divertida selfie con mis amigos al disfrutar de un asado provocarán mayor alegría al entender que todo es por la Gracia de Dios, y si es por Su Gracia, entonces es para Su Gloria.

 

En Cristo,

Israel Guerrero.

[1] Extracto de Abraham Kuyper, Honey from de Rock: Daily Devotions from Young Kuyper (Bellingham: Lexham Press, 2018), 12-14. Cursivas y negritas por mí.

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