Sobre la vida de David Brainerd

David Brainerd

Hoy (9 de Octubre) se cumplen 267 años de la muerte de un joven llamado David Brainerd.

Quizás muchos de los que están leyendo esto saben de la obra misionera que este hombre realizó o hay otros que no conocen mucho de la vida de este calvinista que, antes de morir le expresaba a Jonathan Edwards que su gran deseo era “pedir el derramamiento del Espíritu de Dios, y el progreso del Reino de Cristo por el cual el Redentor sufrió tanto e hizo tanto”.

Pero mi intención en este breve escrito será destacar el hecho que por la Gracia de Dios y el Poder del Espíritu Santo,  él vivió lo que por sus fuerzas jamás podría haber vivido, él vivió (a pesar de sus luchas con el pecado y ciertos momentos de profunda melancolía) lo que él creía y confesaba: Que el fin principal era glorificar a Dios y gozar de él para siempre  al comprender que su único consuelo tanto en la vida como en la muerte era que él no se pertenecía a sí mismo, sino a su fiel Salvador y Señor Jesucristo.

 David Brainerd fue un joven que estaba siempre viajando, siempre estudiando, siempre enseñando, siempre escribiendo y siempre orando. Pero, ¿Cuál fue el fundamento de este misionero que lo dio todo por la extensión del Reino de Cristo?  Respuesta: La Gloria del Dios Trino.

Sin embargo, es necesario mencionar cosas concretas al hablar sobre su pasión por la Gloria de Dios. Es necesario manifestar esto porque, lamentablemente, hoy en día  hay muchas personas que hablan de “La Gloria de Dios” o “el glorificar a Dios” y sin embargo no lo están haciendo de acuerdo a nuestra única norma en asuntos de fe y conducta, es decir, tomando como fundamento la Sola Escritura, sino que hacen de sus experiencias la base de su distorsionado cristianismo, trayendo como consecuencia una falsa adoración a un falso dios “cristiano” creado por sus propias emociones caídas y no regeneradas.

Por otro lado, hay personas que (supuestamente?) manifiestan tener una ortodoxia cristiana, pero lamentablemente sus vidas no dan claramente a entender que buscan una patria (celestial), como bien menciona el autor de los Hebreos en el capítulo 11, sino que sus ojos siguen fijados en el lugar de donde Dios los sacó, o que sus vidas no están corriendo con toda su fuerza a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Tristemente hay jóvenes que proclaman las benditas verdades del Evangelio de la Gracia de Dios, de ese evangelio que nos libra del legalismo y fundamentalismo, pero que sus obras ( y vidas) no llevan a que los demás las vean y glorifiquen al Padre que está en los cielos, sino que todo lo contrario, sus obras son un caldo de cultivo para seguir diciendo garabatos (malas palabras), maldecir a aquellos que los maldicen, sobreabundar en toda palabra ociosa y tantas cosas que transforman la gracia de Dios en libertinaje ¿Qué pues diremos? ¿Pecaremos para que la Gracia abunde? El cristiano confesional  declara junto con Pablo, de ninguna manera.

La ortodoxia (doctrina correcta), la ortopatía (afectos correctos) y la ortopraxís (práctica correcta) de David Brainerd, que apuntaban a glorificar a Dios correctamente,  brotaban de una mente y corazón arraigados en una comunión viva con el Dios Trino a través del profundo estudio de la Palabra de Dios y también a través de la oración.

Tengo en mis manos el libro “The Diary and Journal of David Brainerd”  publicado en el 1749, dos años después de la muerte de Brainerd, por Jonathan Edwards, y esto es lo que escribió en el prefacio del Diario de David Brainerd.

Hay dos maneras de representar y recomendar la verdadera religión y virtud al mundo, de la cual Dios ha hecho uso de: El primero es por la doctrina y el precepto y el otro por la instancia y por el ejemplo. Ambos son usados abundantemente en las Santas Escrituras. {…} Jesucristo {…} hizo uso de ambos métodos. En Su doctrina Él declaró la mente y la voluntad de Dios; y El también en Su propia práctica dio el más perfecto ejemplo de la virtud que Él enseñó.”

Edwards, más adelante, deja claro que Dios también usa a hombres que viven lo que creen y confiesan. No solamente son oidores de la sana doctrina, sino también hacedores.

Bien lo dijo Herman Bavinck, el gran pastor y teólogo holandés en su Dogmática Reformada, “la misma religión cristiana, esta es, verdadera comunión entre Dios y humanos, puede ser mantenida de ninguna otra manera sino por confesar la deidad de Cristo.” Cuando confesamos la deidad de Cristo, estamos declarando que él es nuestro Salvador y Señor, de que ya no vivimos haciendo nuestra voluntad, sino más bien clamamos junto a Cristo: Venga a nosotros tu Reino y hágase tu voluntad.

El cristiano debe, por la honra de la Persona de Cristo que tomó una naturaleza humana y por Su Sumo Sacrificio, tener una comunión viva con el Dios vivo. Esto no debe ocupar un segundo o tercer plano en nuestras vidas. El estudio serio de la Palabra, la oración, la meditación y la participación en los Sacramentos del Pacto de Gracia deben ser asuntos vitales  para todo aquel que se llama seguidor de Cristo. No podemos vivir un cristianismo frío, no puede existir una ortodoxia fría, es tan inútil como un falso cristianismo lleno de emocionalidad y falsas campañas evangelísticas que no proclaman el evangelio de la Sublime Gracia. La ortodoxia fría es inútil en todo sentido, excepto para engrandecer el orgullo teológico frente a un debate en una red social. No, definitivamente ni siquiera pretendamos enseñar o predicar un evangelio que no vivimos. Es verdad que el evangelio nos enseña que no podemos vivir en una comunión con Dios de acuerdo a nuestras propias fuerzas debido a nuestra naturaleza muerta en delitos y pecados, pero los que hemos  sido regenerados (o hemos nacido de nuevo), ¿Porqué pretendemos  vivir de acuerdo a la vieja manera de vivir?Si bien el pecado todavía mora en nosotros, el pecado ya no reina en nosotros, Cristo es nuestro Rey. Si tenemos una nueva naturaleza, implantada por el Espíritu Santo, con nuevos pensamientos y nuevos deseos ¿Por qué pasamos horas y horas en trivialidades y no sumergidos en oración, estudio de la Palabra, catequizando a nuevos cristianos o donde quiera que estemos, trabajo o estudio, predicando el evangelio de Cristo a todos los que nos rodean? ¿Cuándo fue la última vez que te encerraste en tu pieza y te arrodillaste confesando tus pecados y rebeliones y a la vez, con lágrimas y una sonrisa inexplicable en tu rostro, declarar la Sublime Gracia de Dios en tu vida revelada en la Palabra de Dios?

David Brainerd decía “ Una hora con Dios, excede todos los placeres y deleites de este mundo inferior”, eso fue lo que le llevó,  a pesar de sus enfermedades físicas (tuberculosis) y del alma (melancolía),  a predicar fervientemente entre los indios norteamericanos, esto le llevó a traducir los salmos al idioma nativo de ellos para que participaran en canticos espirituales y esto le llevó a cabalgar horas y horas escupiendo sangre y sin embargo, llegar después de varios kilómetros, a catequizar (o enseñar) a pequeñas familias indias recién convertidas. La pasión por la Gloria de Dios lo llevó incluso a tener serios problemas con profesores de su seminario, al denunciar que sus vidas no reflejaban las doctrinas que estaban enseñando.

El pensar en la vida de este joven que murió a sus 29 años, y también en la vida de miles de mártires y santos que murieron conforme a lo que enseñan las Escrituras, esto es, lo que el hombre ha de creer respecto a Dios y los deberes que Dios impone al hombre, me lleva a tener clara conciencia que mientras estemos en esta tierra vivimos como extranjeros y peregrinos, de la misma manera en que vivieron todos aquellos que fueron justificados de acuerdo a Hebreos 11, no por sus obras, sino por la sola Fe; Una fe que jamás está muerta, sino que obra para la Gloria de Dios y el bien de la Iglesia. Tener nuestra mirada “estampada en la Eternidad” como decía Jonathan Edwards no es un motivo para despreocuparnos de nuestras responsabilidades mientras caminamos por este mundo, todo lo contrario, porque tenemos una verdadera  comunión con Dios, tenemos una verdadera comunión con nuestros amigos y hermanos en Cristo. Incluso, por la verdadera obra de Cristo en nuestras vidas, bendecimos al que nos maldice, bendecimos a nuestros enemigos que quizás, más adelante serán nuestros amigos y hermanos en Cristo.

La Sublime realidad del Evangelio de la Gracia de Dios, afecta de manera tan profunda cada área de nuestra vida, que simplemente nos damos cuenta que “no tenemos tiempo para perder el tiempo”.

Salgamos, pues a él (a Cristo), fuera del campamento. Salgamos de nuestras concepciones y cosmovisiones caídas que hemos barnizado con un tipo de cristianismo que es anti-cristiano, salgamos pues fuera del campamento, pero salgamos en dirección a Él, a Cristo, al deseado, al amado, al Hijo de Dios que se distingue entre diez mil hombres, a Cristo, al autor y consumador de nuestra fe.

La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos dará a conocer Su Pacto.

Podría escribir más cosas, pero mejor les dejaré algunos extractos traducidos del Diario de D.B que encontré en la página web http://www.iglesiareformada.com/david_brainerd.pdf .

“Puse aparte este día para ayuno y oración a Dios por su gracia, especialmente para prepararme para la obra del ministerio, para darme ayuda y dirección divina en mis preparaciones para esta gran obra, y para que a su tiempo apropiado Dios me enviara su cosecha. En consecuencia, por la mañana, me esforcé en rogar por la presencia divina durante el día. A última hora de la mañana sentí el poder de la intercesión por las almas inmortales preciosas, para el progreso del Reino de mi querido Señor y Salvador en el mundo; y, con ello, una dulce resignación, y aún consolación y gozo, en la idea de sufrir dificultades, y aflicciones, y aún la misma muerte en el engrandecimiento del mismo; y tuve un peculiar estímulo en implorar por la iluminación y conversión de los pobres paganos. Por la tarde, Dios estuvo conmigo de veras. Oh fue una bienaventurada compañía realmente! Dios me permitió agonizar hasta tal punto en oración, que quedé completamente mojado por el sudor, aunque estaba a la sombra y había una fresca brisa. Mi alma fue apartada mucho del mundo y dirigida a las multitudes de almas. Creo que tuve más estímulo en orar por los pecadores que por los hijos de Dios, aunque sentí que podía pasar mi vida clamando por los dos.

Disfruté de una gran dulzura en comunión con mi querido Salvador. Creo que nunca en la vida me sentí tan enajenado del mundo y tan resignado a Dios con todo. Oh, si siempre pudiera vivir para mi Dios bendito!”

En Cristo, Israel.

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2 Respuestas a “Sobre la vida de David Brainerd

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