Wilberforce y la vida de alguien que ha nacido de nuevo

william wilberforce

 

En la sección anterior del libro de William Wilberforce, fundamentado fuertemente en la Sola Palabra de Dios, claramente el habla de la incapacidad del hombre para buscar a Dios porque este se encuentra muerto en sus delitos y pecados, mereciendo el Justo Juicio de Dios sobre el pecador (para leer el escrito anterior pincha aquí).

“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aún estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” Efesios 2:4-5

Sin duda alguna estos versículos hablan del profundo amor que Dios tiene por sus predestinados, el nos dio vida, y vida en abundancia. No para seguir deleitándonos en el pecado, sino para VIVIR. Y no para vivir en la carne, sino en el Espíritu; Por lo tanto el cristiano vive, y vive por la Gracia de Dios, una vida en santidad.

Vivimos conforme al Espíritu (Rom 8:1) porque él nos hace nacer de nuevo, nos convence de pecado, nos lleva al arrepentimiento, nos lleva a poner nuestra fe en el Hijo de Dios y a glorificarle (no olvidemos que la misión del Espíritu Santo es glorificar a Cristo, si quieres saber más de este punto pincha aquí), nos une  a Cristo y nos lleva a tener comunión con el Padre y el Hijo.

Claramente vemos un inmenso cambio, de muerte pasamos a vida. Por lo tanto insisto, vivamos.

Recuerdo la profunda pregunta que un pastor calvinista hizo, “entonces, cómo viviremos ahora?”

¿Cómo viviremos ahora? ¿Cómo se manifiesta esto (en la vida diaria) en aquel que está juntamente crucificado con Cristo, y ya no vive él, sino Cristo en él? ¿Cómo viviremos ahora que la Gracia de Dios nos ha transformado y conocemos las grandes doctrinas bíblicas?

Wilberforce, como un pecador regenerado, expone algunas cosas en su libro que quisiera compartir con ustedes, pero antes quisiera dejar plasmado Efesios 4:17-30, donde Pablo después de exponer el Amor del Dios Trino (Elección, Predestinación, Adopción, Redención…) en Efesios 1, el Evangelio de la Sublime Gracia de Dios en Efesios 2, el doblar sus rodillas en total adoración ante la anchura, longitud, la profundidad y la altura del amor de Dios y ser llenos de toda plenitud de Dios en Efesios 3, ahora (Efesios 4) expone de que se trata la nueva vida en Cristo:

 “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.

 Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo, si en verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.

 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo .El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.”

Pablo

 

 

Extracto de Capitulo 3 y 4 de “Cristianismo Real”:

“Estoy seguro de que el día que estemos en la presencia de Cristo, descubriremos que hay quienes entienden estas cosas y las declaran (Verdades esenciales del cristianismo), pero cuyas vidas no muestran evidencia alguna de que Cristo los ha transformado. La fe auténtica siempre será evidenciada por las vidas cambiadas. Seguramente era esto lo que Cristo quería decir cuando se refirió a los que usan su nombre, pero en los últimos días oirán las terribles palabras: “Jamás los conocí. Aléjense de mí, hacedores de maldad!” (Mt. 7:23)

Cuando todas estas verdades se conjugan, vemos qué se requiere de nosotros: una total dependencia de la expiación de Cristo y del poder para vivir una vida que agrade a Dios, hecho posible por las operaciones del Espíritu Santo; un rendirse a Cristo no sólo como Salvador, sino como Señor de nuestra vida; una determinación a aprender de la Biblia y vivir una vida de obediencia a los mandamientos de Cristo.

Creo que deberíamos inclinarnos en oración ante el trono de Dios y buscar el perdón y la gracia que nos ofrece Jesús. Creo que deberíamos pedirle a Dios que cree en nosotros un espíritu de verdadero arrepentimiento e íntegra fe en Jesucristo.

Creo que deberíamos orar para que seamos llenos de gozo, paz y esperanza a través de la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas. Creo que deberíamos estudiar la Biblia diligentemente de manera que nuestro afecto sea radical y racional. Mientras meditamos en la Pasión del Señor y mientras lo adoramos en alabanza y oración, deberíamos intentar practicar continuamente la presencia de Jesús.

No tiene sentido llevar el nombre de cristiano y no aferrarse a Cristo.

Su nombre debe estar escrito en nuestro corazón de una forma tan poderosa, que cree en nosotros una profunda experiencia de su paz y un corazón que esté lleno de alabanza.

El carácter cristiano debe ser un reflejo de que vivimos en una relación con un Dios santo. Dios nos ha llamado a ser los enemigos acérrimos del pecado. Debemos pelear contra el pecado y esforzarnos para no darle oportunidad en nuestra vida.

Habiendo hecho un compromiso  con Cristo, debemos entregarnos sin reservas al servicio de nuestro Rey. Ya no somos nuestros. Ahora pertenecemos a Cristo. Debemos convertirnos en instrumentos apartados para honra y gloria de Dios. Este es el principio fundamental que debe guiar todo lo que hacemos. Cualquiera haya sido la fuerza motivadora de nuestra vida antes de conocer a Cristo debe ser abandonada o relegada en segundo lugar. Debemos someternos al Señorío de Cristo. El lema de la fe auténtica es: “Háganlo todo para la gloria de Dios” (1° Corintios 10:31).

Debería aclarar que ésta no es una tarea llena de cargas. Cuando un hombre o una mujer tienen una auténtica fe, la búsqueda de la santidad es un gozo.

El común denominador entre quienes poseen auténtica fe es la decisión de consagrarse para el servicio y para la gloria de Dios. La otra característica común es la conciencia de cuán incapaces son para lograr esta meta sin la gracia y el revestimiento de poder.”

 

No  puedo terminar este post sin dejar de citar a Juan Calvino.

“Después de esto viene la renuncia propia de uno mismo, cuando (renunciando al mundo y la carne) somos transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento: y ya no vivimos más para nosotros mismos, sino que nos sometemos para ser gobernados y movidos por Él.”

 

En Cristo, por el bien de la Iglesia y la Gloria de Dios. Israel G.

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