Meditaciones sobre la naturaleza del hombre (II)

En el post sobre “meditaciones sobre la naturaleza del Hombre (I)”  expuse como toda la humanidad está bajo la gravedad y maldición del pecado, de que no hay ningún justo, no hay quien haga el bien y no hay quién busque a Dios.

Ahora en esta segunda parte quisiera explicar brevemente sobre el terrible efecto del pecado en la vida de cada hombre, me referiré a la doctrina de “La Inhabilidad Total del hombre”

La antigua confesión de Fe de Westminster expone de esta manera esta doctrina:

“El hombre, por su caída a un estado de pecado, ha perdido absolutamente toda capacidad para querer algún bien espiritual que acompañe a la salvación; por tanto como hombre natural, que está enteramente opuesto a ese bien y muerto en el pecado, no puede por su propia fuerza convertirse a sí mismo o prepararse para la conversión.(CFW, Cap IX, III)

La doctrina de la inhabilidad total nos habla que cada persona que no ha nacido de nuevo se encuentra en un estado en el cual aborrece a Dios, por lo tanto no vive para el fin último por el cual fue creado, es decir,  para la Gloria de Dios. Juan 3:19 dice  “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

En este versículo podemos ver dos puntos que exponen la condición del hombre; el primero es que amaron más las tinieblas que la luz, esto quiere decir que la inclinación del corazón de cada persona nunca será Dios. Cada persona que ha nacido en esta tierra jamás buscará o “escogerá” a Dios. Es imposible pedirle a una persona que ame a Dios cuando su condición natural es la de amar las tinieblas y es imposible pedirle a alguien que se arrepienta de su pecado cuando en realidad se deleita en el. En resumen, es imposible pedirle a una persona que se convierta (que tenga fe en Cristo y se arrepienta de sus pecados).

Ninguna persona tiene libre facultad para escoger a Dios, la voluntad no es libre sino esclava del pecado; nuestro Señor Jesucristo claramente lo dice en Juan 8:34  “Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.

Una persona que ha pecado significa que es pecadora (no somos pecadores porque pecamos, sino que pecamos porque somos pecadores), alguien que es pecador implica explícitamente que es esclavo del pecado, por lo tanto no posee libertad en la voluntad o  “libre albedrío” para “escoger” o “decidirse” por Dios o para alcanzar salvación por sus propios méritos ya que finalmente el estado del hombre sin Cristo es muerte en sus delitos y pecados.

Lo terrible de la condición del hombre es que  no puede ir a Dios porque no quiere ir a Dios. Pablo enfatiza bastante en este punto en Romanos 8:7-8

“Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. “

Claramente, a la luz de estos versículos, nos damos cuenta de la condición natural de cada hombre, es decir, existe una inhabilidad total del hombre para buscar a Dios.

Al encontrarnos en una condición de ser completamente pecadores nos damos cuenta que somos responsables por nuestro pecado, ninguno de nosotros es obligado a pecar sino que lo hacemos libremente por que nos agrada. Todo nuestro corazón se inclina a buscar el placer en el pecado y en hacer las cosas que desagradan  a Dios; esa es nuestra condición final.

Quisiera que meditaras una y otra vez en estos versículos:

“Dice el necio en su corazón:

No hay Dios.

Se han corrompido, hacen obras abominables;

No hay quien haga el bien.

Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres,

Para ver si había algún entendido,

Que buscara a Dios.

Todos se desviaron, a una se han corrompido;

No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”.

Salmo 14:1-3

“Por tanto, sabe que no es por tu justicia que Jehová tu Dios te da esta buena tierra para tomarla; porque pueblo duro de cerviz eres tú.”

Deuteronomio 9:6

“No hay quien entienda,

No hay quien busque a Dios.

Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;

No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.”

Romanos 3:11-12

Esta enseñanza deberíamos comprenderla bastante bien, ya que implica directamente en la forma y contenido en el cual predicamos el evangelio. He ahí la profunda convicción que mantenemos los cristianos, de acuerdo a la Biblia, que la salvación es por Gracia, es decir, una obra efectuada inmerecidamente para nosotros los pecadores por el Dios Trino. Es por Gracia, ya que ninguno de nosotros puede ir a Dios;  Ninguno de nosotros escogemos a Dios sino que Él nos escoge a nosotros. Es por Gracia porque “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. (1° Juan 4:10).

La pregunta que surge y que me gustaría que meditaran es:

 ¿Cómo un hombre muerto en sus delitos y pecados puede arrepentirse y creer en el evangelio si está totalmente inhabilitado para eso?

Eso me gustaría responderlo en el siguiente post a la luz de las escrituras, eso solamente lo podemos responder a través del milagro sobrenatural de la REGENERACIÓN.

“Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.” Juan 5 :21

Israel.

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