Meditaciones sobre la naturaleza del hombre (I)

Esta mañana me preparaba para el estudio de la Palabra, cuando de repente empezaron  a ocurrir algunas  situaciones que me molestaban, sin embargo, me di cuenta que la situación era minúscula y que yo me estaba molestando por nada…me acordé de inmediato de quién soy yo.

Al instante vino a mi mente la realidad del  grado de corrupción de nuestra naturaleza por causa del  pecado y que por lo tanto no necesito acordarme de cómo era mi vida antes de que Cristo viniera a mi encuentro para pensar en cuan malo soy, ya que cada  situación diaria que vivo me recuerda la terrible influencia que tiene el pecado sobre mi vida, el cual hace que me moleste por cosas  tan pequeñas.  Y creo que si no fuera por la Obra del Espíritu Santo en mi vida de llevarme a la cruz diariamente y matar a este hombre carnal, no podría vivir el gozo de la salvación.

 

En el primer post que subí a este blog, cité la primera parte de una de las mayores obras literarias que el mundo cristiano ha tenido, y hoy quiero volver a citar:

 

“Casi toda la suma de nuestra sabiduría, que de veras se deba tener por verdadera y sólida sabiduría, consiste en dos puntos: a saber, en el conocimiento que el hombre debe tener de Dios, y en el conocimiento que debe tener de sí mismo.” (Calvino, 1536)

 

A veces pienso que la iglesia actual adolece por la falta de conocimiento que tiene  hacia Dios y hacia nosotros mismos. Sobre el conocimiento del Dios Santo y del conocimiento totalmente corrompido de la humanidad.

 

Cada cristiano piensa tener un conocimiento acerca de Dios; La mayoría sabe, o cree comprender que significa la Santidad de Dios o el cómo afecta nuestras vidas el entender que nuestro Dios sea Trino. Todos los cristianos tienen una noción de Dios*, pero creo que no son muchos los que tienen un conocimiento correcto de cuál es la posición del hombre, o de cada uno de nosotros delante de un Dios Santo. Por eso quisiera meditar y exponer un breve resumen, una primera parte sobre la naturaleza caída del hombre.

 

Fuimos creados para glorificar a Dios, nuestra vida está fundamentada en el hecho que debemos deleitarnos en Dios y que él sea nuestra máxima y absoluta suficiencia en todo. Cada pestañar, cada respirar, cada obrar debe apuntar a una sola cosa: LA GLORIA DE DIOS.

Con ese fin fue creado Adán y fue establecido un pacto con el hombre, un pacto de obras, en el cual Adán representaba a toda la humanidad. La condición del pacto de obras era obediencia perfecta, en el cual se incluía no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal.

 

La prohibición de tocar el árbol del conocimiento del bien y del mal era una prueba a la obediencia de Adán, para demostrar  su sumisión al mandamiento de Dios. El propio nombre del árbol muestra que la prohibición no tenía más propósito que incitar a Adán a sentirse satisfecho de su condición y no aspirar a otra…” (Calvino, 1536).

La condición en la cual debemos vivir y sentirnos satisfechos es la de ver a Dios como nuestro mayor anhelo, nuestro mayor tesoro, nuestro único motivo para vivir, es decir, como nuestro único y suficiente Dios.

Sin embargo, como lo menciona el libro de Génesis, el problema del hombre fue su infidelidad contra Dios, la causa de su rebelión y caída fue su incredulidad. Adán nunca se hubiese enfrentado a la autoridad Soberana y Perfecta de Dios si no hubiese sido infiel.

 

“Si la vida espiritual de Adán era la de ser y permanecer unido a su creador,  la muerte de su alma es separarse de él.” Calvino.

 

Romanos 5:12 es claro al decir: Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.

Este pecado original es la corrupción y perversidad heredada en nuestra naturaleza, la cual se extiende y domina cada parte del alma y cuerpo. En la cual toda nuestra inteligencia, emociones y voluntad han sido contaminadas por el pecado, trayendo sobre nosotros primeramente el Juicio y la ira de Dios; Produciendo a diario las obras que la Biblia llama “las obras de la carne”.

 

Romanos  3:12  Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.

 

Nuestra naturaleza no se queda tranquila hasta pecar, nuestras pasiones son movidas hasta quedar satisfechas y luego producir un hambre mayor por esas cosas ocultas y placenteras que desagradan los ojos de un Dios Santo que está con nosotros y en nosotros.

Es terrible lo que hace el pecado en vidas; Responsablemente pecamos y somos responsables de ellos porque somos pecadores, recuerda:

No somos pecadores porque pecamos, sino que pecamos porque SOMOS pecadores”

Lo más terrible de esto es que el orgullo se instala en lo más profundo de nuestro corazón y nos lleva a decir que “estamos bien” y que cuando “nosotros queramos” o cuando “nos plazca la gana”, podemos ir a Dios. Mi pregunta es ¿Cómo un hombre muerto, literalmente muerto en sus delitos y pecados, puede escoger  y  amar a Dios? ¿Cómo un hombre muerto puede arrepentirse y creer en Cristo? Mi respuesta es: Totalmente Imposible.

 

Es por eso que nuestras vidas no necesitan solamente de una sanidad, sino que lo único y más urgente que necesitamos, es ser revestidos totalmente de una nueva naturaleza, de una vida dada exclusivamente por el Poder y Obra del Espíritu Santo. He ahí la necesidad de la regeneración (nacer de nuevo) o la implantación de la nueva vida. He ahí la necesidad de la santificación.

 

Como mencioné anteriormente, Dios estableció un pacto con nuestro representante, Adán,  el cual se denomina “pacto de Obras” en el que había una promesa de recompensa a la OBEDIENCIA, y una pena o condenación a la DESOBEDIENCIA o transgresión.

Adán desobedeció, nuestro representante pecó. Nosotros desobedecemos, nosotros pecamos. Somos totalmente responsables.

Por lo tanto, merecemos justamente la condenación por ser pecadores. Adán transgredió  el pacto de obras, poniendo a todos sus hijos en un estado de muerte espiritual, sin embargo, no debemos olvidar que las demandas del pacto de obras son todavía imperativas para el hombre: Obediencia perfecta, porque Él es perfecto en todo.

Solamente un paréntesis y pregunta para seguir con esta idea:

¿Amas a Dios perfectamente con todo tu corazón, toda tu mente, toda tu alma y con todas tus fuerzas? ¿Realmente amas a Dios con todo?

Todos nosotros estamos bajo la obligación de una perfecta obediencia a la Ley, aunque TODOS somos INCAPACES de cumplir con ella.

 

El único remedio es que el hombre sea llevado a un PACTO DE GRACIA.

En una próxima nota compartiré sobre el PACTO DE GRACIA y continuaré con las reflexiones sobre la depravación total del hombre, específicamente de la inhabilidad total.

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4 Respuestas a “Meditaciones sobre la naturaleza del hombre (I)

  1. “cada situación diaria que vivo me recuerda la terrible influencia que tiene el pecado sobre mi vida”, es cierto, hermano. Me recuerdo de una gran obra de J. Owen “Mortificando el pecado”.

    Gracias por la reflexión. Mayor conocimiento de nosotros mismos (en cuanto a nuestra pecaminosidad) siempre nos lleva a valorar más la obra de Dios en nosotros a través del Evangelio.

    Un fuerte abrazo y ánimo, mi hermano.

  2. Pingback: Meditaciones sobre la naturaleza del hombre (II) | Desde la Palabra·

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